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jueves, 20 de julio de 2017

A UN SACERDOTE MALTRATADOR


"No eres mi novio, no eres mi amigo, no eres mi pareja, 
eres un sacerdote.
El sacerdote que supuestamente me iba a ayudar 
a acercarme más a Jesús.
El sacerdote que decía que yo estaba muy perdida 
y que me dejase guiar.
Me utilizaste y después me maltrataste y aún y así después, 
me remataste.
Pero no estoy muerta, aunque has querido arruinarme la vida, 
no lo has conseguido.
Tu envidia, tu lujuria, tu complejo de inferioridad, 
te tienen completamente dominado, esclavizado.
Yo he aguantado todos los “golpes” y aguantaré todos los que me sigan llegando, de tu parte o de tus superiores. No pararé hasta que se haga justicia. Hasta que te pongan en tratamiento, hasta que protejan a las víctimas, hasta que el resto de feligreses se conciencien de que lo que haces no está bien. No, no está bien aprovecharse de las personas que llegan a la parroquia. No está bien sacarles el dinero con cuentos que ni tú sabes si son ciertos, existiendo tantas personas necesitadas. No está bien tu lujuria con las mujeres. No están bien tus ataques de ira, menosprecios y tu mal comportamiento. No está bien que pienses más en ti que en la Iglesia. No, no está bien. Eres tú el que vas mal. Eres tú el que está perdido. Eres tú el que necesita ayuda, ayuda de un buen terapeuta o un verdadero exorcista, que te libere de las cadenas de la envidia, de la maldad del complejo de inferioridad y de la adicción al sexo.
Si tus superiores, a estas alturas, no comprenden que no puedes seguir cumpliendo tus funciones con rectitud, entonces serán cómplices de tus actos. Y todas y todos aquellos miembros de la parroquia que te encubren, que prefieren no saber y se hacen los tontos, también serán cómplices ante Dios y ante los hombres.
Sí, pueden pasar meses, años, hasta que alcances a comprender la monstruosidad de tu pecado, pero algún día, espero la comprendas, por el bien de tu alma y por la de todas aquellas que puedan así librarse de caer en tus manos.
Oramos por ti.
Que el Señor, nos asista."

4 comentarios:

  1. Queremos dejar claro que todo lo que publicamos en este blog, todo lo que aquí comentamos, no lo hacemos con ánimo de ofender ni hacer daño a nadie. Todo lo que aquí se publica se hace con un único propósito: ayudar y por un único motivo: por Amor.

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  2. Las adicciones son síntomas de una enfermedad más profunda, enfermedad de la psique y del alma. He sabido de sacerdotes adictos al juego y a la bebida, el afán de los parroquianos y de sus compañeros era tan solo tapar, disimular, que no se hiciese público.. Pero ayudarles, hablar con ellos directamente, intentar que se pusiesen en tratamiento eso nadie quería hacerlo.
    Las personas son adictas porque necesitan llenar carencias, porque sienten un vacío. Si un sacerdote es adicto, está sintiendo un vacío y en esos momentos difícilmente podrá ayudar a otras almas, porque si te sientes vacío es que sin darte cuenta en algún nivel te alejaste del Señor.

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  3. Antes, escribir lo que te pasaba en un papel y después quemarlo decían que era una buena terapia. Ahora, es mejor escribirlo y publicarlo en internet, puede dar doblemente resultado. Ayuda al que escribe, a otros que pueden estar pasando por lo mismo y sobretodo puede concienciar y evitar que sigan pasando los mismos abusos una y otra vez.
    Gracias, compañeras.

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  4. A los sacerdotes que de alguna forma han abusado de su cargo, como mucho sus superiores los cambian de parroquia. Pero claro, si esos sacerdotes ni siquiera son conscientes del daño que han hecho, si encima se justifican y se hacen las víctimas, no pueden cambiar.. Al contrario, seguirán igual y más reforzados. En cambio las víctimas tendrán que seguir viviendo en sus casas en sus mismos barrios y soportar que encima los parroquianos les giren la cara por haberse atrevido a decir lo que ha pasado. Está claro:
    -Hipócritas, raza de víboras, sepulcros blanqueados.
    -Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.
    DEMOS GLORIA AL SEÑOR CON LA VERDAD, NO TEMAMOS.
    ALELUYA.

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