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jueves, 27 de julio de 2017

OREMOS



Padre de bondad, Padre de amor, yo te bendigo, te alabo y te doy gracias porque, por amor, nos has dado a Jesús.
Gracias, Padre, porque, a la luz de tu Espíritu, 
comprendemos que Él es la Luz, la Verdad y el Buen Pastor
que ha venido para que tengamos vida en abundancia.
Hoy, Padre, quiero presentarte a este hijo. Lo conoces por su nombre. Te lo presento para que pongas sobre su vida una mirada de Padre.Tú conoces su corazón y las heridas de su historia. Tú sabes todo lo que ha querido hacer y no ha hecho. Tú sabes lo que ha hecho y el daño que le han hecho. Tú conoces sus límites, sus errores y su pecado. 
Tú conoces los traumas y los complejos de su vida.
Hoy, Padre, te pedimos, por el amor de tu hijo Jesucristo,
que derrames tu Espíritu Santo sobre este hermano
para que el calor de tu amor sanador penetre basta lo más íntimo de su corazón.
Tú, que sanas los corazones desgarrados y vendas las heridas, sana a este hermano, Padre. 
Entra en este corazón, Padre, como entraste en la casa donde estaban tus discípulos acobardados. 
Tú te apareciste en medio de ellos y les dijiste: 

"La paz esté con vosotros" . 
Entra en este corazón y dale tu paz. Llénalo de tu amor. 
Sabemos que el amor expulsa el miedo.

Entra en su vida y sana su corazón.
Sabemos, Señor, que lo haces cada vez que te lo pedimos,
y te lo pedimos con María, nuestra Madre, ella que estuvo en las Bodas de Caná, cuando ya no tenían vino. 
Tú respondiste a su deseo transformando el agua en vino.
Cambia su corazón, dale un corazón generoso, afable,
lleno de bondad, dale un corazón nuevo. 
Haz brotar en este hermano los frutos de tu presencia. 
Dale los frutos de tu Espíritu que son: Amor, Paz y Alegría. 
Haz que descienda sobre él el Espíritu de las Bienaventuranzas 
para que pueda saborear y buscar a Dios cada día  
viviendo sin complejos en su estado vocacional de vida.
Te doy gracias, Padre, por lo que haces hoy en su vida.
Te damos gracias de todo corazón porque eres Tú quien nos sana, quien nos libera, quien rompe nuestras cadenas y quien nos devuelve la libertad.
Gracias Señor porque somos templos de tu Espíritu 
y este templo no puede ser destruido porque es la Casa de Dios.

Te damos gracias, Señor, por la fe y por el amor 
que has puesto en nuestros corazones.
¡Qué grande eres Señor! ¡Bendito y alabado seas, Señor!
Amén.


Padre Emiliano Tardif

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