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lunes, 2 de enero de 2017

HABLAR SANA


Seguimos con el caso de María, acaecido en una parroquia del ensanche Barcelonés, el obispado ya está informado de los hechos. La respuesta que le han dado, de momento es:
“Cámbiese usted de parroquia, que afortunadamente hay muchas en la zona”.
Esto es una nueva humillación más para María y para los fieles a los que no se escucha ni se les da crédito.
María dirige desde aquí unas palabras al rector de la parroquia y a la Iglesia, que somos todos:

"Al poco tiempo de llegar a la parroquia tu colaboradora más cercana me dijo: -El mossén dice que nada más verte supo que eras una hipócrita, lo sabe por tu sonrisa.
Pero no, no soy una hipócrita, soy una mujer sincera, que grita la verdad aunque la iglesia quiera taparse los oídos.
Has abusado de tu cargo, has traicionado la confianza que la Iglesia depositó en ti, me has utilizado, humillado y maltratado, he callado, he hablado y he llorado.
Ahora ya no es tiempo de quejas sino de soluciones.
Estoy esperando a que tus superiores recapaciten y pongan por encima de todo su responsabilidad para con los fieles y dejen de protegerse como si esto fuese una guerra contra una clase de élite “el clero”.
Porque no sois una clase de élite, sino al contrario, sois servidores. Dejad ya de hacer daño y por favor dedicaros a servir a las almas.
Sigo esperando, pacientemente y no tengo miedo.
El Señor me ha quitado el miedo, para algo me ha servido toda esta experiencia, para perder el miedo. Desde aquí les digo a las mujeres y a las almas débiles que creen que deben callar, que es mejor no meterse en líos, que hay que ser prudente y no ir de frente, que la “Iglesia”, los poderosos, no tienen escrúpulos y son capaces de todo, que controlan, mienten, manipulan y los demás no somos nadie y siempre tendremos las de perder.
Pues yo digo, los demás sí somos alguien, somos Hij@s de Dios y eso basta, no necesitamos otra ciudadanía, no necesitamos ningún título ni reconocimiento.
Somos Hij@s de Dios y  somos Iglesia.
Te perdono, sí, te perdono. Pero vuelvo a repetirte la misma palabra: RECTIFICA.
Señores del obispado, amada iglesia: RECTIFICA."

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